Para abordar el creciente problema del sesgo político en el tenis profesional, se ha sugerido implementar medidas estrictas. La propuesta central incluye una multa obligatoria de 10.000 dólares para cualquier jugador que se niegue a participar en el tradicional apretón de manos post-partido por motivos de índole política. En casos de reincidencia, las sanciones se intensificarían, pudiendo llegar a prohibiciones de seis meses para los infractores.
La esencia de esta iniciativa es poner fin a las distracciones innecesarias y a las tensiones que desvían la atención del deporte en sí. Refleja un sentimiento generalizado de que el tenis, y los eventos deportivos en general, deberían ser un refugio de la política. Esta perspectiva fue articulada hace algunos años por el comentarista e entrevistador de tenis Andrew Krasny, quien señaló durante el torneo WTA de Guadalajara que los aficionados acuden a ver el tenis precisamente con el objetivo de desconectarse y evadirse de las preocupaciones políticas.
